El homúnculo de Penfield es básicamente un mapa de la corteza cerebral donde se muestra que cada órgano y sentido del cuerpo posee su lugar en el cerebro, de modo que si el cerebro recibe un estímulo en cierta parte de su corteza, se activará la parte del cuerpo a la cual pertenezca esa parte del cerebro.

El homúnculo fue descubierto por el neurocirujano Wilder Penfield, de quien ya hablamos anteriormente, que inició una investigación sobre el cerebro pues era un tema muy poco desarrollado en su época y ya que le llamaba la atención las investigaciones que se hacían respecto a este tema.

En el mapa se muestran partes del cuerpo que tienen un mayor tamaño al que deberían en una persona normal. Ésto se debe a que en la corteza cerebral el espacio correspondiente a cada órgano está definido por la sensibilidad del tejido y no por su tamaño.

El mapa cerebral ayudó mucho a los neurocirujanos porque hasta hace unos años, la única forma de saber que parte de la corteza del cerebro estaba dañada era utilizando pequeños impulsos eléctricos, que utilizados en diferentes regiones del cerebro hacían que el paciente tuviera diferentes sensaciones dependiendo del grado de intensidad que se le administrara. Las operaciones cerebrales se hacían sólo con anestesia local pues el tejido del cerebro es insensible al dolor, esto permitía al paciente estar despierto durante la operación y comunicarle al médico lo que sentía con cada impulso eléctrico a fin de encontrar el área dañada. Fuente:(https://sites.google.com/site/elhomunculodepenfield/homunculo-de-penfield)

En 1989, Benjamin Libet (1916-2007), un psicólogo en la UCLA, estudió la actividad cerebral de seres humanos durante movimientos voluntarios. Para esto, colocó frente a una mesa un sujeto al que puso los electrodos en el cráneo que permiten registrar el EEG y en la mesa un botón; frente a él había un osciloscopio modificado que mostraba un punto moviéndose alrededor de una pantalla circular. Entonces, para calibrar sus aparatos, pedía al sujeto que hicieran un movimiento de la muñeca, confirmando con esto que todos ellos funcionaban perfectamente.

Para el experimento mismo, pidió al sujeto ver el punto que se movía en círculo alrededor de la pantalla del osciloscopio y cuando quisiera apretara el botón en la mesa, pero fijándose donde estaba el punto en el momento en que había decidido apretar el botón.

Lo notable de este experimento es que el registro del EEG mostraba cambios en el potencial cerebral hasta 2-4 segundos antes que el sujeto indicara la posición del punto en el osciloscopio; esto es, antes que estuviera consciente de que quería apretar el botón en la mesa. Esto es, el experimento parece indicar que el movimiento ‘voluntario’ del sujeto es precedido por cambios eléctricos en las neuronas del cerebro, que en forma ‘inconsciente’ prepara no sólo el movimiento mismo, sino la decisión de hacerlo.

Como es de esperar, el experimento de Libet ha sido analizado y criticado duramente, ya que los resultados llegan al corazón de la propiedad en la que se basa nuestra concepción de humanos capaces de actuar con ‘libre albedrío’ y varias religiones. Esta idea del libre albedrío se originó en las filosofías de los griegos de la antigedad, Platón (429-347 aC) y Aristóteles (384-322 aC), y fue re-analizada en varias épocas, particularmente por Descartes, Hobbs, Kant y otros, quienes la hicieron el tema central de las características humanas. Así, no es sorpresa que el experimento de Libet sea analizado y criticado, aunque otros lo han repetido y obtenido el mismo resultado.

Por lo tanto, estos resultados nos llevan a la conclusión de que actualmente no es claro que queremos decir con ‘movimientos voluntarios’ y nos preguntamos, ¿lo serán?

(Fuente: http://www.facmed.unam.mx/Libro-NeuroFisio/10-Sistema%20Motor/10a-Movimiento/Textos/Historia.html”)

A través de él podemos entender cómo está representado todo el organismo en nuestro córtex tanto motor como sensorial, entendiendo que el control motor va a depender, en gran medida de dicha representación cortical.

Nuestra hipótesis muestra que desde un punto de vista neuromecánico, podemos entrenar aquellas zonas corporales que tienen mayor relevancia cortical con el objetivo de mejorar dicho control motor y la importancia que tiene éste en la salud de nuestras articulaciones.

El Entrenamiento Neuromuscular Voluntario (ENV) se fundamenta en este principio; si entrenamos aquellos músculos de máxima representación cortical, podemos mejorar la salud articular de TODO el organismo; por ello damos máxima prioridad a aquellos músculos que encontramos en nuestras manos-extremidad superior, complejo Cuello-mandíbula-cervical baja y los pies.

Con ello logramos dar control motor en los extremos y logrando salud articular en todo el complejo mecánico articular.

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