En este artículo vamos a tratar de mostraros la importancia del sistema nervioso en nuestra capacidad mecánica, y como conociendo esto podemos entender aspectos que seguro que al menos, te has planteado alguna vez el “por qué pasa así y no hay manera de que cambie…”

Hace años, cuando estudiaba a fondo la biomecánica, o el estudio de la aplicación de fuerzas al cuerpo humano, empezaba a entender la complejidad de la mecánica humana; que si vectores de fuerza por aquí, que si ejes de rotación instantánea por allá, que si ritmo escapulo-humeral… Parecía que empezaba a enterarme de lo que pasaba y como a través del ejercicio, crear adaptaciones positivas para mis clientes. Pero ocurría en algunos momentos que no podía lograr el objetivo planteado, sobre todo el cuanto a la mejora de la flexibilidad. Recuerdo un cliente mayor que tenía que su rotación externa de cadera izquierda siempre estaba “tiesa” y mira que estiraba los rotadores de cadera pero no había manera. Muchos ante esta situación se conforman con lo que pasaba y se resignaban dejándolo como estaba, pero yo, no se si por las ganas de ayudar o por lo tozudo que era antes, me cuestionaba lo que hacía y me frustraba el hecho de no poder lograr lo que pretendía.

“Si estoy aplicando lo que me han enseñado, por qué pasa esto”.

… Y nada, no daba con la solución.

En mi proceso de aprendizaje al cual debo en gran parte a Lucas Leal, quien fue la persona que me hizo ver con “otros ojos” las cosas, empecé a estudiar el sistema nervioso en cuanto a la parte más mecánica de éste, profundizando en ello y avanzando a través de las técnicas de activación muscular, y ahí empecé a entender algo. Resulta que nuestros músculos son “simples” trabajadores a merced del sistema nervioso. Vamos, que si no les llegaba corriente eléctrica no había manera de que ellos me hicieran caso.

¿No os habéis planteado por qué a alguien que le ha dado un ictus y se le ha paralizado el brazo izquierdo, por ejemplo, se le queda la palma cerrada y por mucho que estimules la mano y estires los dedos, éstos tienden a cerrarse como si fuera un capullo de una flor?

Ahí te das cuenta que no es un problema del músculo, sino que hay un fallo de “corriente” que hace que no le llegue electricidad a éstos.

Por tanto, ambos tienen que entenderse, sino, algo pasa o pasará… Con esto lo que quiero explicar es que nuestros músculos son gregarios del SN y que si se quejan, se inflaman o se fibrosan/calcifican no es porque quieran fastidiarte; al fin al cabo  ellos solo ejecutan, por tanto, ¿donde creéis que podremos actuar para solucionar el problema?

Sistema nervioso o la parte de éste que se relaciona con nuestros músculos, como cualquier interruptor que para que le llegue luz a la bombilla, necesita encenderse. Pues en esto se fundamenta a groso modo el Entrenamiento Neuromuscular Voluntario, ya que nosotros entrenamos “solamente” la parte más neurológica de nuestros músculos, pero no de todos, sino aquellos que tienen más importancia para nuestra corteza motora, aquellos que nuestro cerebro necesita más interruptores para enviarles luz.

Resulta difícil de entender pero sorprendente al experimentar, que músculos de la mandíbula puedan ser los culpables de aquella cadera fastidiosa que no había manera de que cambiara. Normal que no consiguiera el objetivo.

  • Os animamos a que hagáis una prueba:

Ponte delante de un espejo; abre la boca intentando ir ligeramente hacia la izquierda. Después has lo mismo hacia la derecha.

Después prueba llevar la mandíbula hacia la derecha e izquierda pero esta vez sin abrir apenas.

¿Encuentras diferencias de un lado respecto al otro?

Vale, pues antes de hacer nada, quiero que te sientes con las piernas estiradas e intentes llevar las manos hacia las puntas de los pies, todo lo que puedas. Quédate con la distancia a la que has llegado.

Vale pues ahora te propongo que las dos posiciones de la mandíbula que has chequeado, las limitadas, las que más te han costado, hagas el mismo gesto durante 10 seg 3 veces.

  • ¿Ya lo tienes?

Pues vuelve a medir la distancia en el test de antes.

Sorprende, ¿verdad?

Lo que podemos ver es que a lo mejor esos isquios tan tensos que por mucho que estirabas no había manera de que se “relajaran”, resulta que ellos no tenían la culpa de que la mandíbula estuviera algo tocada y tu sistema nervioso los tensara para aguantar y protegerse.

Por eso decimos que músculos y sistema nervioso están condenados a entenderse. Cerebro manda y los músculos obedecen, y sobre todo, si la orden que reciben no nos gusta busca en la parte más “nerviosa” de tus músculos. La parte más neurológica de éstos.

César del Río

Fundador de BMT y Creador de E.N.V.

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